Artesanía circular en Chiloé: El equilibrio entre la innovación de nuevos materiales y la preservación de la fibra ancestral
La Ciudad Posible - Chile
El oficio artesanal en el Archipiélago enfrenta el desafío de adaptarse a los cambios del entorno territorial sin perder la identidad de sus fibras nativas como la ñocha y el chupón. Un proyecto, liderado por La Ciudad Posible en alianza con SC Johnson e Isla Bonita, busca salvaguardar este patrimonio, visibilizar el oficio y promover un comercio ético y sostenible.
En el sur de Chile, la cestería es mucho más que un oficio: es un reflejo vivo de lo que pasa en el territorio. Durante años, la intervención del entorno y el crecimiento industrial han cambiado los paisajes locales. De hecho, como advierte la propia Política Nacional de Artesanía, en varias regiones conseguir fibras naturales para tejer se ha vuelto un verdadero desafío.

En el archipiélago de Chiloé la historia tiene su propio matiz. Fibras tradicionales como la ñocha y el chupón todavía crecen en los montes, pero a las playas ha llegado una nueva realidad: toneladas de cabos de pesca descartados por la industria marina.
Lejos de quedarse de brazos cruzados, las artesanas locales han desplegado toda su destreza para transformar estos materiales plásticos en piezas hermosas y llenas de diseño. Sin embargo, este cruce abre un desafío clave: cómo aprovechar el reciclaje y la innovación sin que el plástico termine reemplazando a la fibra originaria que da identidad a su cultura.
De ese equilibrio nace el trabajo de artesanía circular desarrollado por La Ciudad Posible junto a la cooperativa Isla Bonita. Este trabajo, que se enmarca en el programa Recupera y Transforma apoyado por SC Johnson, orientado a la regeneración territorial en Chiloé, busca usar la innovación para proteger la tradición. Se apunta a que la reutilización de residuos marinos avance a la par con el resguardo de las plantas nativas y la transmisión del conocimiento ancestral.
Respecto al trabajo que hacen las artesanas y lo que sucede en el Archipiélago, Claudia Jiménez, cofundadora de La Ciudad Posible, sostuvo que "el desarrollo a gran escala ha erosionado los ecosistemas y el acceso a las fibras naturales. En Chiloé, las artesanas han respondido incorporando materiales como los cabos de pesca, creando piezas que abren nuevas narrativas: artesanías que no solo son portadoras de la sabiduría ancestral, sino también de un mensaje urgente de cuidado de la naturaleza. Nuestro desafío es que esta innovación conviva con el resguardo de la fibra originaria que da identidad al archipiélago”.

En tanto, desde la agrupación, María Eugenia Catelican, artesana de Isla Bonita, señaló que el material reciclado que están usando se ha adaptado muy bien a la fibra vegetal y a la cestería que se realiza en la zona, por lo que ha resultado fácil combinar ambos materiales y trabajarlos. “Esa mezcla ha sido muy bien aceptada por el público; cada pieza se vende con un relato detrás: se explica cómo fue trabajada y de dónde proviene, ya sea un envase de shampoo o detergente. Así, la gente ve que lo que muchas veces llaman basura ahora es otro producto, eso genera conciencia y nos permite seguir el trabajo de cestería incorporando nuevos materiales a nuestra identidad".
Los tres pilares del proyecto
Para asegurar que el oficio artesanal siga fuerte y respetado en el tiempo, el trabajo colaborativo se enfoca en tres metas concretas. La primera es resguardar la identidad y el saber ancestral para poner en valor la cestería tradicional de Chiloé y motivar a que las nuevas generaciones aprendan y continúen con el tejido. La segunda es fomentar un comercio ético y justo y así abrir canales de difusión y venta que reconozcan el tiempo, el esfuerzo y el valor cultural de cada pieza, garantizando un retorno justo para las artesanas y el tercero busca crear alianzas para cuidar el territorio.
El arte popular en Chiloé no se detiene, se adapta. Y hoy, la artesanía circular demuestra que es posible limpiar el mar y abrir nuevos caminos sin olvidar de dónde venimos.
